DE CUANDO LA COMUNICACIÓN ERA EPISTOLAR.
Atrio era el nombre del lugar. Antesala de la iglesia parroquial, lugar de celebración de verbenas del santoral, de ocasionales partidos de balompié con artesanales pelotas constituidas por redondos ovillos de materiales indefinidos. En verano fuente de polvo y en invierno, lodazal en el que embadurnarse. Plaza de porte triangular con un roble en medio, castigado el pobre por agresiones diversas, flanqueada por la casa de la maestra, el muro del camposanto y la casa de Cabeza. La casa de Cabeza, era uno de esos comercios multifuncionales, en los que lo mismo se comía en la propia cocina, se tomaba una copa en el bar, se compraban comestibles, o girándose 180 grados, se compraba el género para un traje. Entre sus múltiples funciones, estaba la de cartería. El cartero depositaba allí el correo, que luego los escolares recogían para llevar a sus casas, en el trayecto de regreso de la escuela y recogía las cartas franqueadas, que allí depositaban los residentes. Las ...