AÑORANZA DE LOS FANTASMAS BUENOS.
El niño recuerda aquella cuadrilla de canteros, que por quince mil reales, mantenidos, debían levantar parcialmente las paredes de la “casa nueva”. Los reales, eran un residuo de denominación monetaria, equivalente a veinticinco céntimos de peseta y mantenidos, quería decir que el precio de ajuste, incluía facilitarles alimentación y alojamiento. Eran hombres poderosos, capaces de mover enormes piedras y de trasegar tinajas de argamasa de barro, con las que generar asiento y adherencia. Eran cuatro, pero el niño solo recuerda el nombre de tres, Marcelino, era el maestro, Benigno era un sobrino suyo, el encargado de labrar a pico los sillares de las esquinas, Manuel era un forzudo que igual trasportaba piedras enormes, como construía y destruía andamios sobre postes y riostras de madera, del cuarto no guarda recuerdo el niño. Durante las largas noches de invierno, la cena venía seguida de reñidas partidas de cartas y una sucesión infinita de cuentacuentos...