MERCADO PECAMINOSO, SUBASTA PIADOSA.

 


 

Aquel día D. Manuel, que así se llamaba el cura de la parroquia, leyó como parte de la liturgia, el pasaje del evangelio, de la expulsión de los mercaderes del templo. Su tono de voz se hizo grave y rotundo, cuando llegó al éxtasis del mensaje. “MI CASA ES CASA DE ORACIÓN Y NO GUARIDA DE LADRONES”.

Finalizada la evangélica lectura, y pronunciada con fervor la homilía correspondiente, sobre los peligros que para la salvación eterna, suponía el apego a los bienes materiales, prácticamente sin intervalo, se suspendió la liturgia, para proceder a la subasta del ramo de Nuestra Señora del Carmen.

Después de enumerar D. Manuel las habilidades como conseguidora de la advocación carmelita de la madre de Diós, después de informar de que en la puja del año anterior, el valor  del ramo había alcanzado las doscientas setenta y cinco libras de cera y de agradecer al ganador de aquella puja su fervorosa devoción, estableció la puja mínima para el ramo del año siguiente, en veinte arrobas de aceite, declarando abierta la puja.

Nadie se animaba a pujar, lo que obligó al párroco, a extenderse en anécdotas varias, para amenizar el intervalo. Cuando no sin cierta desesperación, se aprestaba compungido pero resignado, a dar por desierta la puja, del fondo de la iglesia, se oyó  rotundo VEINTIUNA.

El semblante del sacerdote, pasó de la oscuridad a la luz, de modo inmediato y cuando se aprestaba a adjudicar el ramo al postulante, inició el cómputo,… veintiuna a la una… veintiuna a las dos…, una nueva voz se hizo escuchar enérgica TREINTA.

A partir de ahí, la cosa se dinamizó y las alternativas mas o menos rápidas de los contendientes, hicieron llegar el valor del ramo a las cincuenta  arrobas, una auténtica barbaridad.

El cura, mas incrédulo que nunca, pensaba que había llegado el feliz momento de asegurar aquel magnífico regalo para el señor y comenzó de nuevo la cuenta atrás …cincuenta a la una…cincuenta a las dos…y… De nuevo una voz distinta, sonó cortante ante el auditorio SESENTA. Las cabezas se giraron hacia el mismo misma punto, concurriendo todas las miradas en Venancio, un hombre humilde, que nunca destacaba por nada. Cuando el cura realizó la cuenta atrás ritual y concluyó  y… sesenta a las tres, adjudicado a Venancio; Venancio aclaró que la puja la hacía en nombre de su hermano Andrés que estaba en Brasil.

El murmullo generalizado, inundó la iglesia y solo fue apagado por la continuación del oficio religioso, hasta concluir con la bendición. No todos los días se comercializan en un solo acto, algo mas de setecientos cincuenta litros de aceite. 

El ramo, era algo mas que una ofrenda simbólica a la santidad homenajeada, para implorar o agradecer alguna merced de su santa misericordia. Representaba también una imagen de poderío y de santidad, que engrandecían el prestigio de los postulantes.

Siempre me he preguntado si sería mera coincidencia, la de la homilía y la subasta en el mismo acto religioso. Aprendí aquello de que los senderos del señor, son inescrutables.

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