ELECTRICIDAD, RADIO. Un proceso lento.
¿Recuerdas …?
Que difícil resultaba leer, con la ténue luz de aquel candil
de bencina, si de bencina o de alcohol; porque los de carburo de calcio, que
daban una luz resplandeciente y clara, eran de mantenimiento mas caro.
Si, las cosas eran así, la iluminación doméstica era a base
de candiles la pública en los pequeños núcleos de población, no existía y la
ambulante, era facilitada por haces de paja (fachuzos), que agitados mientras
duraban, ofrecían el resplandor no de una llama, sinó de la superficie de
ascuas, estimulada por el efecto viento, generado por su movimiento.
La energía para las tareas de cocina agua caliente y horneado,
la facilitaba la combustión de leña y por supuesto la calefacción era un
concepto solo asequible en las proximidades del hogar de combustión. La cocina
económica o bilbaína, era un lujo de minorías. El agua caliente, racionada por
el hecho de tener que acarrearla a hombros, se procesaba de modo permanente en
el pote, verdadero símbolo y centro del hogar. Su tamaño, representaba un índice
de poderío.
Pero un día, llegó la luz eléctrica, auténtico emblema de modernidad.
Bueno, tampoco fue tan rápido. Para empezar, la instalación interior de la
casa, requería de electricistas, que no abundaban y en consecuencia su
ejecución podía retardarse. Recuerdo que José Luís y Manolito, que según
decían, venían de A Coruña, eran tratados a cuerpo de rey, hasta se les cocinaban
huevos con patatas fritas, un plato prohibitivo, porque los huevos eran producto
valioso para el intercambio; otro día hablaremos del intercambio.
Aquellas instalaciones interiores, con cables llamados NT, aislados
con una frágil capa gomosa, recubierta de tela y soportados por aisladores de carrete
de porcelana, eran tan austeras como precarias. El interruptor general de la
vivienda, era un machete de cuchillas, mas tarde catalogado como peligroso. Las
posibilidades de conectar mas que bombillas de 15 W eran mínimas, porque la potencia
disponible no daba para mas.
Fue frecuente durante muchos años, que el encendido por
algún vecino de alguna máquina eléctrica, como una plancha o algún motor
ocasional, redujera sensiblemente la intensidad luminosa de las bombillas, reducidas
a un hilillo anaranjado apenas perceptible. Las velas se convertían entonces en
tabla de salvación, porque a menudo, en el festival tan triunfalista como
precipitado por la llegada de la electricidad, se habían destruido con alborozo
los ancianos candiles. Siempre cantamos victoria sobre la miseria precipitadamente.
También lo fueron, los cortes de luz durante largos
periodos, consecuencia de la meteorología. El viento y la lluvia, fácilmente
provocaban averías en unas instalaciones exteriores demasiado sencillas,
infradimensionadas para la demanda y vistas desde hoy, manifiestamente
peligrosas.
Alambres de acero, galvanizado o no, se alternaban con
algunos de cobre, empalmados por retorcimiento entre ellos soportados por
postes de madera sin tratar, todo de enorme fragilidad.
En las inmediaciones de los escasos y distantes transformadores,
solían producirse accidentes, sobre todo de animales, como consecuencia de las
fugas provocadas por la humedad, de las que sobre todo las vacas, acababan
siendo víctimas en algunos casos mortales.
Muchos años se tardó en disponer de energía suficiente, para
poder alimentar electrodomésticos, bombas de agua etc.
Mientras tanto, llegó también la radio. El receptor
superheterodino, de grandes dimensiones y de gran consumo, funcionaba tan
precariamente, como la instalación eléctrica que lo alimentaba.
De hecho, con cada aparato, suministraban un pequeño transformador,
con un medidor de tensión. Al aparato en su conjunto, se le conocía como
voltímetro y un conmutador, permitía elevar la tensión, cuando en la red disminuía
tanto, que la radio dejaba de funcionar, en una peligrosa regulación manual,
que por descuido, podía finalizar quemando el aparato de radio por
sobretensión..
La radio, comenzó a constituir un aglutinador social. En las
casas donde había radio, se concentraba la vecindad, para escucharla. Música y
noticias, eran lo mas codiciado, incluidos los discos dedicados. A través de la
onda corta, los mas osados o irreverentes, accedían no sin enormes
interferencias, a Radio España Independiente Estación Pirenaica y los mas
avezados, Radio París.
Pero la compatibilidad entre las cosas modernas y la gente mayor,
siempre resulta compleja. Recuerdo que mi abuela, jamás tocó un interruptor, le
parecían instrumentos del diablo. Y resultaba frecuente remitir a los fumadores
a la bombilla, para encender el cigarro, y hacerlo con toda seriedad y
convicción.
Uno tiene la impresión de que el mundo ha cobrado una velocidad
tan difícil de asimilar, como seguramente de mantener.
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