DE VACUNAS Y SERVIDORES PÚBLICOS (O NO)

 Las vacunas para la prevención del SARS-Cov-2, deberían representar no solo la esperanza que nos animase a sobreponernos de los devastadores efectos de esta pandemia, sinó un motivo de autoestima como especie, en la medida en que el tiempo que se ha tardado en ser capaces de producirlas en serie, ha sido realmente corto. Un éxito de la ciencia para proteger la vida humana

Pero no todo podía ser primavera, porque toda obra humana, tiene sus limitaciones. En primer lugar, porque no es posible partiendo de cero, alcanzar una dimensión de producción industrial que responda a la necesidad de disponer de entra cuatro mil y cinco mil millones de dosis, de modo inmediato y en segundo lugar, aún disponiendo de una gran cantidad de dosis, que está por ver; la dificultad de disponer de recursos para su administración, es un límite de difícil superación.

Si a esto sumamos la pluralidad de modelos (USA, Europa, Rusia, China, India y las que irán saliendo) y la incertidumbre sobre sus resultados y sus efectos, incentivada por la aceleración de los ensayos clínicos previos a la homologación y los imprevistos que vayan surgiendo durante el período indefinido de convivencia entre vacuna y pandemia; el horizonte, no está ni mucho menos despejado.

Momentáneamente, da la impresión de que se ha puesto el visor en la administración de las vacunas, incluso oscureciendo la virulencia de los contagios.

Nada que objetar, porque la virtud de las sociedades libres y abiertas, es precisamente esa transparencia que permite someter a juicio todo aquello que afecta a la esfera de los asuntos públicos y de las personas que eventualmente tienen la responsabilidad de gobernarlos.

En mi concepción ponderada de la actividad pública como servicio, bien sea en el ámbito funcionarial, o en el ámbito político, creo que debe de estar dignamente retribuida, pero no debe de gozar de privilegios de ningún tipo, que desvirtúen su naturaleza o alimenten la desconfianza de la ciudadanía en los valores que deben inspirarla; singularmente la neutralidad, la imparcialidad y la objetividad de la actuación.

Rechazo que los servidores públicos sean sometidos al voto de pobreza o de miseria y me basta con que sean eficientes, razonables y capaces en el ejercicio de sus funciones y singularmente fiables en sus promesas de respeto a la normativa vigente.

El daño reputacional que una minoría irresponsable y mezquina, está causando saltándose de modo arbitrario el orden establecido para administrar las dosis limitadas en función del nivel de riesgo y la oportunidad preventiva, merece la mas severa de las reprobaciones.

En los casos de designados, el cese debería de ser fulminante y en el caso de los electos, la expulsión de sus partidos, debería de ser inmediata y si hubiese algún funcionario implicado, aplicarle con rigor el régimen disciplinario. Me da igual el partido al que pertenezcan. ¡Es una vergüenza!

Pero resulta todavía mas escarnio si cabe, que lo expliquen o traten de justificarlo. Sería un buen ejemplo poco probable, el que las fuerzas políticas acordasen medidas comunes para aplicar a los sinvergüenzas infractores en vez de acusarse mutuamente. La búsqueda grosera de excusas, lo único que hace es añadir leña al desaguisado.

Es lo que opino.



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