UN CASO DE NATURALEZA BONDADOSA. (Mas sobre actividades extracurriculares)
Juncal, era un caso de naturaleza pacífica y bondadosa, pero
los organizadores de “eventos”, lo contemplaban desde sus espíritus codiciosos,
como un desperdicio al que costaba renunciar. Su corpulencia y fortaleza
física, que destacaba sensiblemente sobre la media, hacía de él pieza codiciada,
para el montaje de contiendas y la generación de una expectación cautiva y
asegurada.
Nunca llegue a saber si en aquellas peleas llegaron a cruzarse apuestas entre los
mayores, aunque resulta difícil conocer el tipo de valores de cambio que se
manejarían, dada la magra liquidez con la que se administraban las economías
personales.
El caso es que a sus espaldas, a Juncal le “montaron” un
desafío, en un lugar no lejano del espacio habitual de la “Corredoira fonda”,
pero esta vez en una suerte de campo elevado sobre un talud bastante elevado, a
partir de la base del cual, se extendia en un plano inferior, el “herbal del
cura”.
Los intentos de los organizadores, para poner en práctica el
ritual habitual de palitos y demás liturgias, chocaron con la negativa rotunda
de Juncal a intervenir en la pelea. Ni los argumentos de persuasión positivos,
animándolo como seguro vencedor, ni los incentivos negativos, que pretendían
retratarlo como un cobarde, lograban animar a Juncal, absolutamente rotundo en
su negativa.
El cerco sobre él se estrechaba y la contumacia en los
intentos de desbordar su paciencia para provocar su cesión por desesperación,
produjeron un efecto inesperado.
De repente el interpelado, pidió silencio y se abrió un
tenso compás de espera. Abandonó el círculo ocasional que conformaba la
expectación y se dirigió con paso firme a la desvencijada cancilla que daba
acceso al campo de lucha. Con tanta fuerza como determinación, arrancó de un
tirón los restos de la cancilla y empuñándolos al modo de los lanzadores de
martillo, preguntó con determición rotunda y potente voz, ¿alguien quiere
pelear?.
Ante el temeroso silencio del auditorio, arrojó sobrevolando
a todos, el madero compuesto por una de las traviesas y el madero descolgado de
los goznes de la cancilla, que fue a caer a varios metros en el “herbal del
cura”emitiendo un agudo crujido por el efecto
del golpe de la caida. El silencio se prolongó durante unos instantes
interminables.
Finalmente, Juncal tranquilo y seguro de si mismo, abrió el
desfile camino de casa, seguido de todos los demás, en un silencio y un
recogimiento, dignos de otro tipo de liturgias.
Nunca mas se habló de aquel episodio, pero estoy seguro de
que allí pudo presenciarse, un acto de nobleza ejemplar, en cotradicción con la
corriente imperante.
A veces pienso que sería una lección de nobleza, para todos
los que hoy por cobardía, o por desidia, somos incapaces de sustraernos a las
estupideces habituales y aparentemente desbordantes.
Invocar la libertad propia, incluso como coartada para limitar
la ajena, puede resultar un tentador y hasta fácil ejercicio de hipocresía;
pero ejercer la libertad individual sin condicionar por ello la de los demás, no
solo es un ejercicio arriesgado, sinó que el único incentivo que tiene, es estrictamente personal; la tranquilidad de conciencia. Un lujo que es mas fácil que interese, cuando está asegurada la supervivencia.
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