¿UN RELATO DE ALDEANOS?


Se sorprenderán aquellos que conocen muy bien el sentido peyorativo de la palabra aldeano, con la que se pretendía humillar a quienes procedían del medio rural. La lejanía real por las dificultades de movilidad y la carencia de mecanismos de comunicación a distancia, unida a la lejanía metafórica, entre otras cosas, marcaban la diferencia entre la vida en las ciudades y las aldeas.


El salto de las últimas décadas, tanto en movilidad, como en las opciones de telecomunicación, han mermado drásticamente las opciones de ofensa de quienes gozaban con el vocablo invocador de lo rústico como signo de atraso y la cuasi inferioridad.


La historia que les cuento, real, aunque los nombres sean ficticios, responde a un cambio de paradigma del “aldeanismo” tradicional, donde el universalismo-global, se impone por derecho y triunfa mayestático en él la aldea global en la que se ha convertido nuestro mundo.


Helena, nace en la aldea de “O Toural” en el Finisterre atlántico de la Península ibérica en Europa y bien podría haber optado por la bucólica vida rural apegada a su lugar de nacimiento y a su gente, pero sus inquietudes la llevaron por otros derroteros imprevisibles. Helena nunca quiso ser princesa a la espera del príncipe valiente que viniese al rescate


Helena se graduó en Biblioteconomía y documentación por la Universidad de Granada. Toda una declaración de intenciones, porque elegir la gestión del conocimiento y sus recursos, no es exactamente una elección convencional. La búsqueda de su lugar en el mundo, de encontrar como hacer útil su formación, le llevó a recalar en la ciudad de Glasgow en Escocia, donde se integró en plenitud en la vida cultural y social de una gran ciudad, una ciudad de oportunidades.


Rishab, nombre también figurado, nació en Indora a casi ocho mil kilómetros de distancia en el distrito de Kangra perteneciente al estado de Himarchal Pradhes en el noroeste de la India.


Tampoco el es un hombre convencional. Sus inquietudes le llevaron por el conocimiento científico y su vida profesional, se orientó a la investigación en materia alimentaria. El, como Helena, recaló en Glasgow, donde encontró un prometedor camino profesional, lejos de la Indora rural.


Las orillas del Rio Clyde, los parques de Green o de Kevingrove, la biblioteca de la Universidad de Glasgow y compartir unas Tennent´s Lager, hicieron el milagro.


Aquellos dos aldeanos, tan distantes y tan aparentemente distintos, no solo congeniaron en una tierra lejana para los dos, sinó que impulsados por esa fuerza telúrica e incontrolable, decidieron emprender una vida compartida.


Nada hay que resulte insalvable cuando se desata como vendaval esa fuerza de la naturaleza. Si el Finisterre atlántico era considerado el fin del mundo por la cultura europea, (o al menos uno de los fines del mundo) allí donde se apoya en las columnas de Hércules, si Galicia era un país de meigas o si Santiago de Compostela era uno de los lugares importantes de la cristiandad; nada importaba, porque Indora también tiene sus valores. Ellos son guardianes del techo del mundo que les circunda o casi les sobrevuela y en sus inmediaciones el Dalai Lama encabeza el budismo tibetano aunque sea desde el exilio. Allí las vacas y los macacos rexus son sagrados y como tales se les repeta. Todo distinto, pero nada incompatible.


Incluso las propias ocupaciones profesionales, resultan complementarias; ¿que investigador que se precie no valoraría el complemento de una experta en biblioteconomía y documentación? Esto es solo por poner una brizna de pimienta.


Aldeanos universales, nada distintos de los naturales de las grandes urbes, salvo por las experiencias de sus infancias, tan determinantes como inolvidables. Lo realmente bello es que de su vida compartida surgió una hermosa criatura con una riqueza genética incalculable. Seguro que tampoco querrá ser princesa, pero de lo que no cabe duda es de que se convertirá en el orgullo de esos dos pueblerinos y de sus abuelos indios o gallegos. A ella no me atrevo a ponerle nombre, ni siquiera ficticio, porque deberá ser objeto de un tratado internacional.


Esta pareja ampliada de ciudadanos del mundo, está de enhorabuena, al día siguiente del triunfo arrasador de un musulmán, socialista y extranjero en la ciudad de New York, la prueba evidente y esperanzadora de que el mundo es de los ciudadanos libres, a pesar de que a algunos desalmados muy ricos no les agrade.

Comentarios

  1. Estupendo!!! Refleja perfectamente también lo que ha sido mi existencia. Nunca me molestó que me llamaran alaldeana, pero sí las desigualdades que se manifestaron cuando fui interna a un colegio.

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