DOÑA CORINA Y EL EMPERADOR.


¡Verán que los romanos nos han legado cosas buenas e interesantes! Pues al emperador no le interesa nada que tenga que ver con lo bueno de la civilización. Él, obseso y recalcitrante, se empeña en elegir los peores ejemplos de la historia romana, para emularlos groseramente y alimentar con ello sus vísceras, siempre receptivas a la casquería de la historia.


De Calígula, toma su crueldad y ese desprecio procaz e impertinente, por la cultura por el género humano y por la convivencia. En Nerón encuentra el ejemplo idóneo para incendiar todo lo que considere y culpar de ello a quienes perezcan en esa pira propiciatoria. En Julio Cesar, se inspira su ambición desmedida y su desprecio de todo límite interno o externo que pueda limitar su voluntad. Le estorban las leyes y las reglas de convivencia. Solo ama la riqueza y respeta a quienes son muy ricos y/o poderosos.


Su particular sentido de lo transaccional sin límites, le conduce a sustituir las elementales reglas de convivencia pacífica, por el chantaje permanente del matón todopoderoso y sabedor de su capacidad destructora, en la que sus adversarios, son siempre mas pobres y mas débiles. Sobran leyes, sobran derechos humanos, sobran organizaciones internacionales para la convivencia. Todo orientado a alimentar ese desbocado ego, con sus viandas mas preciadas; petróleo, beneficio especulativo, propiedades materiales y poder hasta la ebriedad.


No sorprenden ni el servilismo de sus corifeos, ni la alegría no disimulada de sus pares adversarios, que encuentran en su comportamiento la mejor de las justificaciones, para sus propios desmanes.


Su singular sentido del pacifismo, le lleva a “mediar” otorgando de oficio la razón al mas poderoso y extorsionando al débil para que comparta el botín de guerra. El emperador siempre gana.


Ya veremos donde acaba la “paz” en la Palestina sojuzgada, destruida y humillada o en la Ucrania comprada a golpe de chantaje. En el Irán semiincendiado, ya veremos.


La ciudadanía venezolana y particularmente la oposición democrática, bien haría en ponerse en guardia, porque el emperador ha dejado claro que solo le vale maximizar el beneficio y minimizar el costo. Si la dictadura de los herederos de Chávez resulta útil para los intereses del emperador, ¿para que arriesgar con la incertidumbre de un cambio?


Doña María Corina Machado, acudió a la Casa Blanca para ofrecer al emperador la medalla del nóbel de la paz que la fundación noruega le entregó a ella en un intento de que el magnate se sintiera halagado, pues el sería el verdadero acreedor del premio. No reparó Doña Corina, en el pequeños detalle que la fundación tuvo que aclarar, que el premio es personal e intransferible. Desnaturalizar un galardón de este tipo, supone un auténtico desprecio, que dificilmente puede explicarse. La aceptación del emperador, no es mas que la expresión del carácter ilimitado de su egolatría. Pero tampoco parece haber reparado Doña María Corina en que el emperador elige a quien pagar las traiciones y el servilismo de Doña María Corina, parece cotizar a la baja.


El servilismo, la tibieza y la traición, solo merecen la retribución del emperador, si van acompañadas de petroleo, patrimonio, territorio o poder, de lo contrario, solo cosecharán desprecio mas o menos frio o despiadado.


Europa haría bien en desligarse de ese patético Mark Rutte, cuyo futuro tal vez es parejo a la pérdida de su dignidad. De lo que quede de la OTAN, tal vez tengamos ocasión de hablar otro dia.


Sigue el invierno frio e imprevisible. ¡Abriguense!

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