CITA EN LA CAFETERÍA DON PELAYO.
¡Impresionante! dijo Basilio, que después de varios años de ausencia, había recuperado el contacto con su amigo de la infancia.
La enorme cafetería de planta semicircular, con la barra y los servicios en la parte diametral recta y las mesas, armónicamente distribuidas en la superficie del semicírculo; disponía de dos pantallas de TV en ambos extremos, cuidadosamente orientadas, para que su ángulo de visión, contribuyera a la configuración de espacios virtuales con definición cuasi geométrica.
En una de las pantallas, que podría ser indistintamente la de la derecha o la de la izquierda, se emitía una pretendida tertulia, en la que los ocho "contendientes", vociferaban simultáneamente ajenos a los loables intentos de un moderador que les resultaba extraño, de reconducir aquello a algo que pareciese un debate.
Aquello, siendo generosos, podría parecerse a un "braim storming" desbocado del que resultaría imposible extraer alguna conclusión digna de tenerse en cuenta. Aquellos "tertulianos profesionales", pontificaban sobre las mas diversas cuestiones, como si de todas ellas tuvieran un conocimiento y una pericia de la que naturalmente carecían. Las inundaciones y sus causas, el futbol y el pubis femenino, los accidentes ferroviarios, el cambio climático, la corrupción política, el nuevo orden mundial, las relaciones Europa-Mercosur. Todo ello aderezado con las consiguientes manifestaciones de filias y fobias entre fascistas y comunistas.
En el atropellado y tumultuoso vocerío se emitían opiniones contradictorias y disparatadas, pero defendidas con tal vehemencia y tan aparente convicción, que confundirían a cualquier incauto, que necesitaría creérselas todas.
Contertulios imposibles, se arrojaban sofismas como afiladas dagas y dictaban verdades tan aparentes, que solo parecerían dignas de reputados científicos.
En la TV del extremo contrario, un partido de fútbol, mantenía embelesados a unos comensales que de vez en cuando coreaban exclamaciones expresivas de emociones automatizadas, que por su harmonía y unanimidad, bien parecería haber sido reiteradamente ensayada.
Las pantallas, en sus zonas de influencia, con sus ángulos de visibilidad, configuraban cuasi a la perfección las zonas diferenciadas de comensales a los que alimentaban. Los afectados por la visión de la pseudotertulia, miraban nerviosos y sobresaltados, cuando alguno de los contertulios resultaba sobresaliente por el volúmen de su exabrupto. en sus conversaciones, se colaba inevitablemente alguna apostilla o comentario de simpatía o de recelo sobre las burradas escupidas. Los del futbol, a lo suyo, con loable concentración, atentos a no perderse detalle, com si les fuese la vida en ello.
El tercer grupo de comensales, lo constutuian ese triángulo curvilíneo cuasi alejado de la visión y del barullo televisivo e intentaban mantener conversaciones normales sobre lo cotidiano, ajenas al ruido y la furia esparcidos por las pantallas insensibles.
Basilio y su amigo, se pusieron al dia, después de años sin comunicación, porque la vida les había deparado senderos divergentes. Se despidieron concluyendo que "aquella no era la cafetería que en su juventud habían soñado.
Cuando me lo contaron, sospeché que aquello no era una cafetería, sino una metáfora.
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