NETANYAHU, LA GUERRA Y EL PODER JUDIO.


Una de las características diferenciales del estado de Israel, es la de que desde su creación en 1948, apenas dejó de estar en guerra. La ONU, reconoció al estado de Israel y propuso la partición del territorio entre judíos y árabes-palestinos. La propuesta fue rechazada por la parte árabe, que se negó al reconocimiento del estado de Israel. Desde entonces, las cosas empeoraron todo lo posible.


Un Estado de Israel, cada vez mas militarizado, pronto descubrió su capacidad bélica y lo que inicialmente se pretendía un estado de derecho, fue paulatinamente instaurándose como un estado de guerra, donde el derecho pasa a un segundo plano y es el uso de la fuerza, el principal motor del ejercicio del poder político.


Acciones y reacciones de contenido bélico o de resistencia, han ido configurándose como cotidianas, instaurándose una tensión bélica o guerrillera entre un Israel cada vez mas militarizado y con mayor desprecio de las normas internacionales de convivencia y una resistencia árabe-palestina que el régimen iraní capitaliza y apoya.


El Israel gobernado por Netanyahu, viene desde hace años acariciando la idea criminal, de dividir el mundo entre judíos semitas que inspirados en la interpretación interesada de la mitología bíblica, justifican la búsqueda por cualquier medio posible de un Gran Israel como amo del Oriente próximo y el resto del mundo en el que hay tres clases de enemigos: a) Los palestinos de Gaza y Cisjordania, a los que está justificado negar eliminar y demoler sus recursos y servicios, b) los chiitas de Irán que apoyan a las organizaciones de resistencia palestina, frente a los que es legítima la destrucción y la guerra, que incluye naturalmente también muerte y destrucción. c) todos los demás, sean personas, estados u organizaciones, que se opongan o critiquen la crueldad, las matanzas o la inhumanidad del gobierno judío y su desproporcionado uso de la fuerza, que desborda cualquier derecho de defensa legítima.


Es cierto que los desmanes del gobierno judío actuales y pasados, siempre contaron con dos aliados fundamentales, el primero el complejo de culpabilidad asumido por Europa y particularmente Alemania, por el holocausto nazi de infausto recuerdo, que supuso el apoyo de decisiones del gobierno judío contrarias a toda legalidad internacional y a todo elemental sentido de lo humanitario; el segundo, el apoyo militar permanente de USA, que siempre encontró en Israel su base ideal para la contención del islamismo indómito pujante en el oriente próximo. Con estas premisas, la ONU y su labor humanitaria y pacificadora, saltaron por los aires y palestinos y libaneses se convirtieron en víctimas sin límite de la voracidad de venganza de un Netanyahu precisado de guerras y enemigos externos, para no responder ante la justicia de sus corrupciones y de paso encabezar el movimiento “patriótico” esta vez muy sospechoso de ser refugio de canallas. El ideal patrio, justifica por tanto esa enorme empresa de demolición y matanza en la que se ha convertido en ejército de Israel.


Pero tuvo que darse la tormenta perfecta de la llegada a la presidencia USA de una persona soberbia, indocumentada, miserable, indolente y profundamente inhumana, para que Netanyahu se sintiera en su medio ideal para desatar el infierno de la guerra, devastando Gaza (y de paso Cisjordania) atacando Irán y posteriormente invadiendo y arrasando el sur del Líbano con un cruel desprecio por la vida humana y por la civilización. Periodistas, escuelas, centros sanitarios y toda clase de equipamientos, son objetivo propiciatorio, para el ejercicio despiadado de la venganza.


Netanyahu, es un mal bicho, al que le importa basicamente su supervivencia política y Trumph es también un indeseable que gusta de gobernar el mundo con amenazas, bravatas y golpes de efecto en los que siempre resulta según su criterio, vencedor. Exhibir los muertos, forma parte de su lenguaje y el chantaje es su procedimiento preferido. Por cierto, que estén tranquilos Rusia y China, que los poderosos no tienen nada que temer del personaje.


Ninguno de los dos personajes tiene ninguna ambición de ser querido o admirado. Ambos prefieren ser simplemente temidos. Y en ese contexto, destaparon el avispero de Oriente medio, de cuyas primeras consecuencias económicas ya vamos enterándonos, pero cuyo futuro es difícil atisbar, dada la imprevisibilidad de los personajes.


Antiamericanismo o antisemitismo, pueden parecer simplicidades y tal vez lo son, pero en esas categorías estaremos todos los que cuestionemos las decisiones de los gobernantes judíos o americanos.


Por cierto, cuestionarlas y criticarlas racionalmente, es hoy por hoy mas que nunca, un imperativo moral, asumiendo como un honor que nos cuelguen el sanbenito.


Yo lo veo así.






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